Espacio de reflexión

Profetas del Reino de Juda: Isaías - Miqueas

 PROFETAS DEL REINO DE JUDA:

ISAIAS, MIQUEAS

Reino de Judá, cuya historia se relata en los libros bíblicos de Samuel, Reyes y Crónicas, tuvo los siguientes monarcas:

 

 

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El reino de Judá fue destruido por los caldeos, cuyo rey Nabucodonosor II cegó y llevó cautivo a Babilonia al rey Sedecías. La primera deportación de los habitantes de Judá fue en el año 597 a. C. La segunda y definitiva deportación fue en el año 586 a. C.

I. EL PROFETA ISAIAS Y SU OBRA

     Organizamos el estudio de las profecías de Isaías, quizá el más grande profeta bíblico, en tres grandes apartados. En primer lugar, presentamos los problemas que plantea la obra que se pone bajo el nombre de Isaías. Se trata de un problema de crítica literaria, que puede ser instructivo. Después estudiamos la figura del profeta, enmarcándola en su contexto histórico. Finalmente, hacemos una presentación de los oráculos del profeta Isaías, contenidos en el libro que lleva su nombre.

I. El problema del libro de Isaías

     El libro de Isaías presenta una problemática peculiar de importancia relativa, pero digna de mención.

a) Colocación del libro en la Biblia

     No es un problema de importancia, pero las traducciones actuales suelen reflejar cierta duda en el momento de adjudicar un puesto al libro de Isaías. Para comprobarlo, basta cotejar un par de ellas.

     Tanto TM, como LXX y la Vulgata (y la mayoría de las traducciones) sitúan a Isaías al frente de los profetas mayores, en contraposición con el Talmud de Babilonia, que lo coloca al final.

b) El texto del libro

     Las diferencias textuales entre TM y LXX son compartidas por muchos libros bíblicos, pero en Isaías adquieren por primera vez un cierto relieve dentro del bloque profético. La multitud de coincidencias entre ambos no diluyen las diferencias. Ciertamente ambas tradiciones textuales han sufrido procesos de actualización distintos. Además Qumrán nos ha legado, entre otros manuscritos de Isaías, dos que presentan interesantes diferencias. Ambos fue ron encontrados en la cueva número uno y llevan la denominación de IQIsa y IQIsb.

c) Libro de un profeta o de varios

     Las dificultades internas que suscita la lectura atenta de Isaías son más importantes que lo dicho hasta ahora. Al menos son éstas las que más controversias han ocasionado en la historia de la exégesis. Debemos reconocer que hoy ya no se discute casi sobre el asunto, pero conviene presentar los problemas que en su momento fueron ampliamente discutidos y las distintas soluciones que se han dado. Ambos elementos son sumamente instructivos.

     El hecho de que todo el libro esté en verso, menos los cc. 36-39, y que éstos sean paralelos a 2 Re 18-20, invitaba a dividir el libro en tres grandes secciones: 1-35, 36-39 y 40-66. Ya en el s. XI se comenzó a atribuir la última parte a la época postexílica. Sin embargo, la gran revolución llegó con la exégesis crítica a finales del s. XVIII (Dóderlein y Eichhorn), que subrayó la cesura que separa los cc. 39 y 40. En el s. XIX (Duhm) se propuso la separación entre los cc. 55 y 56. Quedaba el libro, por lo tanto, dividido en tres secciones, a las que se atribula el mismo nombre, pero pertenecientes a distintas épocas. Así se pasó a hablar de:

®      Isaías (Is 1-39),

®      segundo Isaías (Is 40-55),

®      tercer Isaías (Is 56-66).

 Nos enfrentamos a dos posturas

   • Escuela crítica

Sicre en su libro «Profetas» resume la argumentación de esta escuela bajo tres capítulos: razones históricas, literarias y teológicas.

     Las razones de índole histórica se basan en el hecho de que a partir de Is 40 no se encuentran referencias a sucesos o personas del s. VIII, sino del s. VI a. C: la mención de Ciro (44,28; 45,1), la invitación a «salir de Babilonia» (48,20) y a emprender el regreso a Jerusalén refleja la situación del destierro, vivida por los judíos a comienzos del s. VI. Asimismo, a partir de Is 56 se refleja más bien la problemática de la comunidad que ya ha regresado a Jerusalén y está enfrascada en la reconstrucción de la capital; situación típica de finales del s. VI.

     De hecho, en los primeros capítulos del libro se puede reconocer la situación de Jerusalén en pleno s. VIII a. C.: baste con la mención de la guerra siro-efraimita en Is 7 y las amenazas de castigo recurrentes en estos capítulos. Pero a partir de Is 40 no se predice el exilio: dura ya desde hace tiempo y se anuncia su final (40,1-2). El templo y Jerusalén han sido destruidos y se anuncia su restauración; el castigo se ha cumplido.

     Las razones de índole literaria son más difíciles de comprobar en una traducción. De modo general podríamos decir que Isaías tiene un estilo solemne, mesurado, conciso, amante de la sonoridad, le gustan las imágenes grandiosas (Is 1,2; 2,2) y la enumeración detallada (Is 3,16-24). Is II es más cálido y apasionado, incluso más retórico; le gustan las imágenes de la vida familiar y las prefiere abiertas, no demasiado construidas; le gusta repetir palabras (40,1; 43,11; 48,11; 43,25; 48,15; 51,9.12.17; 57,6.14; 55,1; 52,10), utiliza con profusión el campo semántico de la alegría; se le han descubierto ciertos aramaísmos. De Is III no se han subrayado particularidades, pero se le reconoce una menor vena poética que al anterior, salvo contadas excepciones.

     Las razones de índole teológica se han puesto de relieve más tarde, pero han ayudado a la escuela crítica. El autor de Is 1-39 tiene los ojos puestos en la dinastía davídica, en un Mesías, nuevo David, gloriosamente reinante y movido por el espíritu y la fuerza del Señor; la arrogancia y el orgullo del pueblo merecen un castigo por parte de un Dios, de quien se exaltan su santidad y trascendencia. De Dios se subraya en Is 40-55 su calidad de creador y de redentor del pueblo (Exodo); el Siervo (cf. 52,13-54,12) que salvará al pueblo es muy distinto al ~~salvador~~ de 9,1-6 y de ll,lrg, y tiene más rasgos de profeta que de rey; incluso el concepto de ~~resto~~ es distinto y es más clara una tendencia universalista; es patente su polémica contra los ídolos. A partir de Is 56 se concibe la apostasía de modo diferente, se tiñe el conjunto de una visión escatológica y se manifiesta mayor interés por el culto; Dios es el Señor de la historia.

   • Escuela tradicional

    Las conclusiones de la escuela crítica no siempre se mantuvieron en los estrictos límites de los datos aportados, ni el ambiente intelectual estuvo siempre preparado para recibir novedades.

Una de las preocupaciones de la escuela, tradicional era la defensa de la autenticidad del libro de Isaías, entendida de manera que todo el libro fuese obra de un mismo autor, el profeta Isaías. El carácter «anónimo»  de Is 40-66 no encajaba en el concepto de «canon» bíblico. Además se han ido poniendo de relieve las múltiples relaciones entre las diversas partes del libro. Recientemente se pone de relieve la gran inclusión literaria que forman el capítulo inicial y los dos finales del libro. Todo ello se solucionaba mejor con la hipótesis de la autenticidad.

     Finalmente, se hacían no pocas réplicas expresas a los argumentos críticos.

     Así, en cuanto al estilo, se aceptan las diferencias innegables existentes en las distintas partes del libro. Para explicarlo, se afirmaba a veces que los oráculos de Is 40-66 nunca habían sido pronunciados, sino que fueron «escritos» para ser leídos, lo que justificaría las diferencias estilísticas. Recientemente, y sin el afán polémico de épocas anteriores, se ponen de manifiesto las múltiples relaciones literarias existentes entre las diversas secciones del libro.

     Además de la gran inclusión ya mencionada, que abarca al conjunto del libro, se subraya también la identidad de fórmulas o temas a través de todo el libro. He aquí algunas:

         «Santo de Israel»  es una fórmula que se encuentra 11 veces en la primera parte del libro y 13 veces en la segunda, así como en Jr 50,29; 51,5 o en Sal 71,22; 78,41; 89,19. La expresión puede guardar relación con el culto jerosolimitano.

       «Dice Yahvé» (en imperfecto, en vez del más normal perfecto) se usa en todo el libro.

       • Los  «ojos cerrados»  como símbolo de la ceguera espiritual se usan en 6,10; 29,10.18, así como en 42,7.19; 44,18.

       • El tema de la viña se repite en 5,1-7 y en 27,2-5, el de la paz mesiánica utiliza los mismos símbolos en 11,6-9 y en 65,25.

     Más difíciles de solucionar han resultado para la escuela tradicional las diferencias teológicas. La réplica se ha limitado a proponer como evidente la tonalidad salvífica a partir de Is 40, si el profeta ya imaginaba una situación de castigo. Las razones que se han aducido han sido más bien negativas, en el sentido de que no se puede negar la posibilidad de «profecía a distancia», de la que el mismo AT ofrece analogías (cf. Miq 7,7-13; Os 14,2).

   • La situación actual

     Hemos presentado las razones de posturas que hemos denominado  «escuelas». En un momento fue así y la discusión fuerte. El Decreto de la Comisión Bíblica del 28 de junio de 1908 no logró acallarla. Pero si la primera edición de la introducción a la Biblia de Robert-Feuillet encontró todavía oposición en la autoridad católica, hoy ya se puede argumentar sin apasionamiento. Se habla del segundo Isaías (mejor que «Deutero-Isaías», como de un profeta de la época exílica, que anunció el regreso del pueblo. A él se atribuyen los oráculos del texto a partir de Is 40. Y no suele sentirse la necesidad de probar su existencia. Muchas más dudas suscita la personalidad del tercer Isaías (Is 56-66) y sus diferencias con el segundo. En todo caso, actualmente se están poniendo de relieve con insistencia las múltiples relaciones entre las distintas partes del libro de Isaías. Por todo ello va creciendo en aceptación la figura de una «escuela isaiana», que adaptó y profundizó la predicación del gran profeta del s. VIII.

2. El profeta Isaías: personalidad y época histórica

a) La persona de Isaías

     Isaías debió de nacer hacia el 760 y era hijo de un tal Amós (1,1), desconocido para nosotros, aunque los Padres de la Iglesia lo confundieron con el profeta Amós. La mención del padre equivale al apellido. ¿Es un signo de nobleza, si tenemos en cuenta que de Amós y Miqueas se aporta el nombre de su pueblo natal? Parece un hombre de carácter decidido, sin falsa modestia, que se ofrece voluntariamente a Dios en el momento de la vocación.

     Su interés por la monarquía de David y por Jerusalén le identifica como judío. Vivió probablemente en la capital, pues su modo de hablar de las miserias campesinas no es directo, como el de Miqueas. Además, revela un conocimiento bastante exacto de la capital, sus piscinas, canales, arsenales (7,3; 22,9; 29,7) y ha visto la explanada del templo abarrotada (1,10-li). Sabe las reacciones que provocan los abundantes impuestos para armas y las campañas de los asirios (Is 3,12.14.15; 5,8-9). Su trato fácil con los soberanos (7,3) suma puntos a favor de la nobleza de su linaje. Se ha dicho que fue un personaje aristocrático, políticamente conservador, enemigo de revueltas y cambios sociales profundos. Pero nada de esto tiene serio fundamento: cuando defiende a alguien con pasión no es a los aristócratas, sino a los oprimidos, huérfanos y viudas (1,17), al pueblo explotado y extraviado por los gobernantes (3,12-15).

     Isaías es, sin duda, uno de los grandes literatos de la humanidad. Su lenguaje («consejo», «discernimiento», «inteligencia», «sabiduría») permite relacionarlo con los círculos sapienciales. Al menos, demuestra una educación cuidada, ataca la sabiduría de los políticos y describe al Mesías como sabio perfecto (11,1-5).

     Su estilo literario se caracteriza por la expresión enérgica, el gusto por el detalle (3,16ss) y la plasticidad de las imágenes. Le gustan las antítesis (pequeñez humana-grandeza divina, paz-guerra, tinieblas-luz) y las asonancias (5,7; 10,16; 29,2.9; 30,16).

b) Isaías y su época histórica

     Isaías es el primer profeta en el que es posible intentar una cronología de sus oráculos. El trabajo no carece de riesgos, pero permite comprender mejor la adaptación de la predicación profética a la histórica cambiante del pueblo.

   • Apunte histórico sobre la época de Isaías

     Su ministerio comenzó hacia el 740, «año de la muerte de Ozías (= Azarías)»  (6,1) y vivió bajo «Ozias, Yotán, Acaz y Ezequías» (1,1) a Más tarde encontraremos un esquema que pretende representar la cronología de los oráculos considerados auténticos. Tratemos ahora de repasar los rasgos históricos más sobresalientes.

     La figura del rey Ozías tuvo poca relevancia en la persona de Isaias, pues el profeta comenzó a predicar el año de la muerte del rey. Escasa importancia supuso también para el reino de Judá, a pesar de su relativamente largo reinado.

     El reinado de Yotán coincidió con una época de relativa prosperidad. Isaías denunció con vigor desórdenes e injusticias. En sus relaciones internacionales rechazó las invitaciones de Razín de Damasco para entrar en una coalición anti-asiria

     Con la ascensión al trono de Acaz (734) estalla la crisis siroefraimita. Para resistir el empuje asirio de Tiglat-Peleser III, Israel y Damasco promueven una coalición con Egipto.

     En cuanto al rey Ezequías, se pueden distinguir dos etapas en su gobierno: mientras aceptó la dominación asiria y cuando intentó rebelarse. Tal vez, esta segunda época le mereció el elogio deuteronomista de 2 Re 18,3 por las reformas realizadas en el templo.

   • Nota sobre la reforma de Ezequías

     La reforma que emprendió Ezequías fue ante todo cultual y le mereció un gran elogio por parte del deuteronomista (2 Re 18,3-8). Estuvo propiciada sin duda por una serie de factores externos, como fueron la relativa recuperación de la unidad egipcia y un clima difuso en favor del alzamiento militar contra la potencia dominante. Este clima era patente en la región de Palestina, pero también en otras fronteras del imperio, lo que permitía ciertos cálculos optimistas sobre el éxito de la operación.

3. Lectura de algunos textos de Isaías

     En este apartado nos vamos a detener únicamente en los 12 primeros capítulos, con la intención de centrarnos especialmente en el oráculo del Emmanuel. Seguiremos fundamentalmente la estructuración que presenta Rémy Lack, pues subraya magistralmente la dinámica que atraviesa toda la sección. La tarea de presentar la estructuración de un texto no se reduce a dividirlo en secciones, basándose en criterios diacrónicos o meramente temáticos. Fundamentalmente consiste en recoger la articulación literaria del contenido del texto, con su dinámica y desarrollo. Estos capítulos, además, constituyen un bagaje suficiente para iniciarse en la comprensión de la teología de Isaías.

a) Estructura general de Is 1,1-12,6

     Se trata de la primera parte del libro. Está bien delimitada por la sección de los oráculos contra las naciones. Comienza con un prólogo (c. l) y concluye con un himno a modo de doxología (c. 12). Fundamentalmente está dividida en 3 subsecciones:

   • 1,2-5,24: anuncio y motivación global del juicio

     En esta primera sección descubrimos una acusación: «Israel no conoce, mi pueblo no recapacita» (1,2-3); le sigue un reproche, que comienza con un «Ay»,  porque «han abandonado al Señor, han despreciado al Santo...» (1,4). Casi literalmente volvemos a encontrar la misma frase en 5,24, en un contexto de lamentaciones o Ayes (5,8.11.18.20.21.22).

   • 5,26-9,6: primera realización del juicio

     Con la invasión siro-efraimita se descubre una primera realización del juicio. Se ofrecen tres o cuatro signos de liberación gratuita: Emmanuel, los dos hijos de Isaías y, se podría añadir, la instrucción o testimonio escrito que deja Isaías.

     La dinámica de esta sección comienza con un momento tenebroso, provocado por una invasión que se produce al izarse una enseña (5,26) y concluye con la paz mesiánica, instaurada por el niño recién nacido.

  • (5,25); 9,7-11,16. (12): segunda realización del juicio

    La desconfianza durante la guerra anterior acarrea una invasión mayor (asiria), con rasgos mucho más simbólicos, tono distinto casi escatológico y referencias menos claras al presente.

    La invasión es convocada por la «mano alzada» del Señor (9,7), sustituyendo a la enseña de 5,25. Al final, todo cambiará, cuando la nueva enseña izada definitivamente (11,12), una vez implantada la justicia del vástago de Jesé (11,3-5) y su paz (11,7-9), reúna y congregue a los dispersos y divididos.

b) Detalle de algunos textos

• Primera sección: Is 1,1-5,24

-Is 1

    El conjunto del capítulo constituye un sumario e introducción a todo el libro, casi una miniatura del mismo. Está íntimamente relacionado con todas las secciones. En efecto, ya hemos comentado la inclusión que forma con los cc. 65-66 y con 5,24. Pero además todo él está literariamente encerrado en una inclusión, cuyos rasgos más sobresalientes son los verbos «rebela» (v. 2), «pecar» y «abandonar» (v. 4), repetidos en v. 28.

    En 1,4-9 se mencionan castigos pasados, no amenazas para el futuro. En este sentido, no parecen encajar del todo en el capítulo; su inserción en este lugar responde más bien al esquema teológico: pecado-castigo-conversión (o destrucción). En el v. 4 conviene notar que las cuatro denominaciones siguen un orden creciente de intimidad (gente, pueblo, raza, hijo), al tiempo que los cuatro calificativos van en orden creciente de malicia (pecadores, cargados de culpa, malvados, degenerados). La corrupción tiene consecuencias externas: en el cuerpo, infección (vv. 56) 20; en el ambiente, contaminación de tierra, ciudades y campos (v. 7); en Sión se realiza el culmen de la exteriorización (v. 8). Es desolación, sí; pero al mismo tiempo evoca el tema del cobijo lo que la relaciona con la imagen del «resto». Ahora está sitiada, rodeada. Su antítesis será la Sión establecida sobre campo verde y glorioso (4,2-6).

     En 1, 10-20 se trata, evidentemente de un oráculo distinto, pero la unión con el anterior está muy marcada. Sodoma y Gomorra hacen el oficio de «palabras clave» que entrelazan a ambos; comienzan los dos por los mismos imperativos (vv. 2.10); se puede señalar, además, una doble unión temática: a) Israel no es más que pecado (vv. 4-9), pero es diferente a Sodoma, porque el Señor ha dejado un resto. Si su pueblo se asemeja al de Sodoma con razón (vv. 4-9.10), se le avisa que tiene que «abandonar» el camino de perdición emprendido (vv. 10-15) y tomar el de la salvación (vv. 16-17). Si aprovecha la ocasión, escapará a la destrucción (vv. 18-20). b) A la infección de 1,5-6 corresponde la purificación, también con consecuencias externas (v. 19). La alternativa pasa por la decisión humana: «Si sabéis obedecer…, si rehusáis».

     En cuanto al tema «culto»-«justicia», este oráculo es comparable con varios de los oráculos de Amós (cf., p. ej., Am 15,18-27. Cf. También 1 Sin 15,20; Os 6,6). El mensaje del oráculo es muy claro y literariamente centra la atención en las «manos»: llenas de ofrendas, se extienden en la súplica, pero el Señor aparta la vista, porque están llenas de sangre. Una nueva unidad es la formada por 1,21-26. Al pleno de la justicia (v. 21) ha sucedido el pleno de los asesinos (vv. 22-23).

   - Is 2,1-4,6

     Estudiemos en primer lugar la sección formada por 2,1-5. Y comenzamos por una observación más amplia. Si no todo el capítulo, al menos 2,6-22 constituye el que se considera oráculo más antiguo que poseemos de Isaías. Pronunciado en tiempo de Yotán, va dirigido contra el orgullo y la idolatría que provocan en Judá el aflujo de riquezas y el comercio (2,7).

     En 2,6-22 nos encontramos ante  el peor conservado de todos los oráculos del libro. Está formado por cuatro unidades (v. 6, vv. 7-9a.[18], vv. 12-17 y v. 19 22), con dos temas dominantes: la superstición de Judá (vv. 6-11.18.2 l) y el Día del Señor que se abate sobre el orgullo humano. Ambos temas se implican mutuamente, pues la rivalidad que atenta contra la trascendencia de Dios es doble: los ídolos y el orgullo humano; y ambos con raíz única: la posesividad del hombre, que se encaracola sobre sí mismo y sus cosas hasta la idolatría, mientras imagina que crece.

     Los vv. 6-11 describen el universo replegado sobre sí mismo, postrado ante los ídolos fabricados. El hombre, expulsado de su medio natural (3 veces «país» en los vv. 7-8), va a las tocas, humillado bajo la tierra; el orgullo acaba en el polvo, en lo infrahumano, y toda civilización desaparece. Sólo Dios se muestra terrible y majestuoso, ensalzado sobre el hombre humillado.

     Los vv. 12-19 van a la raíz del mal y forman un poema eminentemente simbólico en su movimiento: parte de símbolos de grandeza externos al hombre (cedros, encinas, montes, colinas); niveladas las alturas, se enorgullece de sus obras (murallas, naves); tras contemplar la caída de lo que ha producido, le toca al hombre mismo.

     En los vv. 20-22 se describe la humillación humana, ese vaciamiento que está en contraposición con la plenitud inicial (vv. 6-8), ficticia. El v. 22 recuerda a Gn 2,7 (Adán, soplo) por el retorno del hombre al polvo.

   - Is 5,1-24

     El canto de la viña (5,1-7) y una serie de «Ayes» concluyen la sección. El género «canto» se repite en Isaías (27,2-5). La canción consiste fundamentalmente en una parábola que se interpreta en el v. 7 23.

   • Segunda sección: Is 5,26-9,6

     Conviene tener en cuenta toda esta segunda sección para colocar en su contexto el oráculo del Emmanuel. Ya hemos comentado que el poema de la «mano extendida» envuelve al conjunto, así como el de la  «enseña izada» que atrae a los pueblos invasores. También hemos aludido al hecho de que ambos signos cambian al final de sentido (11,10: la cepa de Jesé, enseña de las naciones; 11,11: «tenderá otra vez su manos».

   - Is 5,26-30: invasión asiria

     El comienzo está marcado por la invasión, que provoca una enseña levantada por el Señor. El oráculo es famoso por su sonoridad, ritmo y concisión: el trote de los caballos, la polvareda que levantan y el estruendo que producen, así como velocidad de su movimiento, quedan patentes en la lectura del mismo. Se provoca un oscurecimiento del horizonte de esperanza para el pueblo. En este momento es enviado Isaías a su pueblo con un mensaje de confianza, en el que deben apoyarse.

   - Is 6: vocación del profeta

     Con una introducción histórica se inicia el relato de la vocación de Isaías, cuya primera característica consiste en ser presentada en el contexto de una visión. En ella destaca la majestuosidad de Dios, sentado en su trono, rodeado de sus ministros y cubriendo el templo con la orla de su manto. Los serafines cantan su majestad y su gloria, que llena la tierra. Es la visión celeste que reproduce el arca y que Ezequiel desarrollará prolijamente (Ez 1.10) cuando explique que el arca abandona el templo. La objeción que el profeta aduce sobre su impureza pone en mayor relieve la santidad de Dios y su poder de purificación.

     Se discute si Is 6 constituye un relato de vocación o de misión. Contiene todos los elementos de los relatos de vocación, pero bien podría referirse a una misión concreta

   - Is 7,1-8,23a: oráculo del Emmanuel

     La interpretación que Mt 1,22-23 hace de Is 7,10ss conduce, al menos, a dos seguridades que han dado pie a grandes conflictos históricos. La primera seguridad que ofrece Mateo es que el oráculo del Emmanuel es un oráculo de salvación; la segunda cosa clara en el evangelista es que la señal ofrecida la constituye el nacimiento virginal. ¿Es exactamente esto lo que dice Isaías? La historia de la interpretación de Isaías conoce demasiados cortocircuitos que han unido con el cable de la identificación la mente de Isaías y la de Mateo, olvidando que la afirmación de Mateo es una confesión de fe y no una afirmación exegética. Afirmar el cumplimiento no es nunca afirmación de evidencia, sino confesión de aceptación. Recordemos que ni Jesús gozó la prerrogativa de la unanimidad en afirmaciones de este tipo. Mateo puede con todo derecho afirmar que en el nacimiento virginal de Jesús se cumple el oráculo de Isaías, sin que Isaías imaginase ni por un momento semejante cumplimiento tan pleno, ya que, por una parte, no tenía la fe de Mateo y, por otra, su señal debía ser relevante también en su época.

¿Es el oráculo de Isaías oráculo de juicio o de salvación? A favor de la primera opción juegan los elementos siguientes: a) el contexto amenazador de los vv. 18-25; b) el tono de discusión del oráculo mismo, resaltado en la oposición «tu Dios» (7,11) - «mi Dios» (7,13) y en el hecho de que la expresión «por eso» (7,14) suele ser introducción de castigo; c) el «requesón y la miel», dieta del Emmanuel, tal vez sea un buen alimento para nómadas, pero no es el normal en la tierra prometida (cf. v. 22); d) el nombre mismo del Emmanuel equivale a un grito de socorro en situación de desastre (cf. 8,8, donde equivale a un ¡ayúdanos!); e) finalmente, en 7,17 la glosa «el rey de Asiria» apoya la lectura de un desastre como no se ha conocido desde el cisma.

     En 7,10-16 se presenta una nueva entrevista con Acaz (se supone la presencia del profeta), quizás en la corte, pues a partir del v. 13 se habla en plural. Se ofrece una señal que Acaz rechaza por razones religiosas (cf. Dt 6,16). La dura reacción (¿del profeta?) se comprende, si suponemos que el rey acaba de inmolar a su hijo (2Re 16,3) para verse libre de la invasión, o que ha pedido ayuda al rey asirio (2 Re 16,7). La polémica está servida y habrá que explicarla, sin rebajar su fuerza.

     7,17.18-25 componen una serie de oráculos. E1 v. 17 es la conclusión de lo anterior o la introducción de cuatro oráculos sobre «aquel día» que será como no se ha conocido desde la separación entre el reino del Norte y el del Sur. ¿Salvación o amenaza? Los oráculos siguientes ofrecen pocas vías para la esperanza cuando acabe la guerra. Si los cuatro oráculos se refieren a la invasión asiria, quizás aluda a  «días de dolor» por la caída del reino de Samaría. El primero (vv. 18-19) anuncia una invasión, provocada por el Señor, numerosa como tábanos. Para el segundo (v. 20) conviene recordar la gravedad de la ofensa que supone un normal afeitado (cf. 2 Sm 10,1-5). Aunque la expresión «cabeza y pies» puede tener el significado de «totalmente, podría también aludir a jefes y soldado» (en 7,8 «cabeza» equivale a «jefe» cuatro veces, aunque se traduzca por «capitán» o «capital»). El tercer oráculo (vv. 21-22) es el de interpretación más dudosa. Explica la dieta de 7,15 como salvación de un «resto»: o bien se subraya su pequeñez o bien que es sujeto de bendición posterior. El cuarto oráculo (vv. 23-25) constituye el cumplimiento de lo anunciado en 5,1ss La invasión provocará carencia de hombres (cf. 3,25-4,1) y las zarzas invadirán los campos. En resumen, casi inconscientemente estamos ya hablando de la invasión asiria.

      8,1-4 presenta una nueva señal, escrita en tabla grande con caracteres legibles. Se trata de otro hijo de Isaías. El nombre del niño subraya la presteza de Asiria para invadir.

   • Tercera sección: Is 9,7-12,6

     A partir de 9,7 el tono es distinto, la referencia al presente menos clara y el niño de 11,8 (renuevo de Jesé) futuro. Al final el niño será la enseña izada para las naciones (11 ,1.12).

c) Interpretación de la profecía del Emmanuel

Es necesario busrcar una interpretación que explique coherentemente y a la vez el tono polémico del oráculo y la salvación que opera. Que el nacimiento virginal era la señal ofrecida por Isaías, lo defendieron al principio los cristianos, lectores del evangelio de Mateo. A ello se opusieron con fuerza los judíos 2s. Hoy día la discusión no es confesional, sino filológica.

 

   • Etimología de alma

     Se ha pretendido explicar el origen filológico a partir de la raíz ´lm, «esconder». Así, san Jerónimo pretende que la alma es «una virgen joven, escondida a los ojos de varón». Hoy día se asume que proviene de otra raíz idéntica ´lm, cuyo origen está en el protosemítico glm y que en hebreo no se caracteriza por un verbo, sino por substantivos derivados, uno de los cuales sería alma. El significado de esta raíz en las lenguas semitas coincide con «ser fuerte», «ser sexualmente adult», válido para personas o animales. En masculino se interpreta como «hombre joven», «viril», a veces «esclavo»; consiguientemente el femenino sería equivalente a «mujer núbil», joven, todavía no madre, pero capaz de serlo. Esto afirmaría la etimología.

   • Propuesta de interpretación

     El último texto tiene un gran valor para apoyar la tesis de que Isaías anuncia al rey el nacimiento de un hijo suyo. La madre será el alma, título antiguo con reminiscencias míticas, aplicado a la reina o jefa de las concubinas. En un momento de crisis para la dinastía davídica, el nacimiento de un hijo al rey y la promesa de que ocupará el trono es señal suficiente de futuro y esperanza. El hecho de que la sucesión será en breve, es mal anuncio para el rey. De hecho, si la cronología que ofrecemos es correcta, Ezequías sucedió a Acaz cuando tenía cinco años de edad y fue engendrado poco antes de la guerra siro-efraimita.

4. Teología de Isaías

a) Sistematizaciones

     Todo arranca de la trascendencia divina, manifestada en su santidad y en su majestad. La santidad de Dios descubre el pecado del hombre, que se manifiesta especialmente en el orgullo; su majestad, la inutilidad de los planes enemigos en la historia. La santidad tiene su centro en el templo; la majestad, en el monte de Sión. El plan de Dios lleva consigo la elección de Jerusalén y la promesa a la dinastía davídica, y en él radica la esperanza de futuro para el pueblo. Según Isaías, aunque el pecado obligue al Señor a ponerse en contra de su pueblo, su plan se cumplirá: «un resto volverá». A.

a) Algunos ejercicios prácticos

     Una primera sugerencia consiste en recoger las razones que se aducen para la estructura de Is 7-8. ¿Qué consecuencias tiene para la interpretación del oráculo del Emmanuel? Se puede intentar comprender este oráculo primero como un texto negativo y luego como positivo. En cualquier caso, ¿cuál es la ,,señal,, que ofrece el profeta? ¿En qué consiste el problema para el NT? Se puede usar como guía de este ejercicio lo que se dice en I, 4, b, 2.

     Para apreciar el estilo literario de Isaías, se puede comparar Is 3,16-24 con Am 4,1-3, suponiendo que ambos oráculos estén dirigidos contra las mujeres de la capital.

     Recomendamos estudiar personalmente el cántico de la viña, contenido en Is 5,1-7, empezando por encontrar las palabras repetidas y la construcción sintáctica. Se puede utilizar un comentario, p. ej. Alonso / Sicre, Profetas I, 132-34, y es muy conveniente, para este ejercicio, leer los artículos de Orviso y, sobre todo, el de Lys, que se citan en la bibliografía complementaria.

II EL PROFETA MIQUEAS Y SU OBRA

Casi todos los libros proféticos presentan dificultades de interpretación, debido a que su largo proceso redaccional ha oscurecido el perfil inmediato de la situación y personajes a que el profeta hacía referencia en sus oráculos, y ha enriquecido con actualizaciones, glosas y añadidos su predicación original. Pero el libro de Miqueas a desembocado en soluciones drásticas, como la admisión de un deutero-miqueas, un personaje anónimo que aparece en el otro reino.

1.       Época y personalidad de Miqueas. El título del libro nos sitúa en la época de Yotan, Acaz y Ezequías de Judá, se trata por tanto de un profeta contemporáneo de Isaías. Nació en Moreset, región cercana a filistea que fue invadida y saqueada por los asirios. Posiblemente en esa época se refugia en Jerusalén y allí descubre con escándalo la injustica social que existe. Es un personaje de ruda personalidad, sus comentarios tuvieron que desacomodar a los nobles de su tiempo. Al parecer comenzó su predicación antes de la caída de Samaria, pues a ella dedica la primera parte de sus oráculos. Nunca se denominó profeta y parece aislado del resto de los llamados profetas, discutió mucho con los profetas que predicaban falsedades. La visión de la sociedad que se refleja en el libro es más bien pesimista, como la de los otros profetas de su tiempo: maquinaciones latifundistas, atropellos a viudas y huérfanos a quienes se roba el patrimonio, fraude en el comercio, asaltos en la calle, jueces corrompidos, profetas que predican oráculos según la paga, en fin, ni la familia es un lugar seguro. A los que nos enfrentamos es que el profeta tiene un lenguaje mucho más directo que el de Isaías.

 

2.       El libro de Miqueas

a) División en secciones

     La continua sucesión de oráculos de juicio y de salvación parece ofrecer claridad en el conjunto, pero es también causa de muchos problemas en el estudio del libro de Miqueas. Produce la impresión de ser una ordenación teológica y consciente del material profético. Queda patente en la clásica:

1-3 (except02,12-13): amenazas

4,1-5,8: promesas

5,9-7,6: amenazas

7,7-20: promesas

     La discusión inmediata se ha centrado en torno a la autenticidad, sobre todo de las promesas, pues en varios lugares parecen suponer ya el destierro (2,12-13; 4,10). Se atribuye a Miqueas comúnmente gran parte de los capítulos 1-3 y, los más generosos, algún que otro oráculo de 5,9-7,6. En realidad, no todo el texto de las llamadas amenazas contiene oráculos de juicio, ni todo el calificado de promesas contiene oráculos de salvación.

     b) Dinámica interna de las secciones

   • Primera sección (1-3)

     Gravita sobre una teofanía, en la que el Señor testifica contra la injusticia de su pueblo. En el c. 1 comienza la teofanía, motivada por los pecados de Jacob y Judá (vv. 2-5), que provoca la ruina de Samaría (vv. 6-7) y la de Judá (vv. 8-9.10-16, en forma de elegía o lamento, difícil de traducir y de entender).

      Los cc. 2-3 tienen una construcción paralela:

      2,1-5       Contra los poderosos         3,1-4       Poderosos

      2,6-11      Contra falsos profetas       3,5-8       Falsos profetas

      2,12-13     (profecía a destiempo)       3,9-12      Poderosos y falsos profetas.

 

     Su denuncia contra los ricos, dueños de campos y casas, opresores de los pobres (2,1-5), provoca una discusión con los falsos profetas (2,6-11) 42, que se creen seguros por considerarse honrados. Miqueas entiende la destrucción de Samaría (2,10-11) como consecuencia del continuo despojo interno; los falsos profetas, en cambio, crean esperanzas de reunificación (2,12-13).

   • Capítulos 4-5     La mejor manera de interpretar estos capítulos parece ser la de una discusión entre Miqueas y los falsos profetas sobre la salvación del pueblo. Los falsos profetas han interrumpido ya dos veces a Miqueas en la sección anterior (2,6-7; 2,12-13). No resulta fácil distinguir cuándo habla cada uno; las repeticiones textuales son indicios que ayudan.

3. Mensaje y teología de Miqueas

     Para ser exactos deberiamos distinguir, al menos, entre el mensaje de Miq 1-5 y el de Miq 6-7 44. No siempre se puede. Por otra parte, el libro de Miqueas ha sufrido una labor redaccional similar a la efectuada en Isaías, lo que hace difícil deslindar los perfiles propios del pensamiento de Miqueas. Véanse, p. ej., los siguientes textos paralelos: Miq 1,10-16 // Is 10,27ss; Miq 2,1-5//Is 5,8ss; Miq 5,9-14//Is 2,6ss; y la repetición Miq 4,1-4 -- Is 2,2-4)

     El conformismo de los contentos desemboca en una falsa creencia religiosa basada en el automatismo de las promesas divinas. Con ello abundan los falsos profetas, pacificadores de conciencias desde su nacimiento, que extinguen su carisma y silencian la voz del Señor (3,5-7).

     El Señor no puede quedarse impasible y Miqueas anuncia un juicio a Jerusalén y a Samaría por la idolatría, por la injusticia (según H. M. Weil, 1 Re 20-22 sería un comentario a Miq 2), por la duplicidad de interpretaciones de las antiguas tradiciones (2,6-7; 3,1 lb). Cuando está en juego la justicia, el Señor no ahorra ni a su pueblo ni a su ciudad. Miqueas pretende no vaciar los dogmas: bendición de Jacob (2,7), la presencia del Señor en Sión (3,11), la salida de Egipto (1,15; 7,15), la promesa a David (5,1-3). El pueblo o los falsos profetas los han vaciado. Predica esperanza, al menos, para el resto (4,7; 5,2.6.7; 6,5). Pero el futuro exige hesed, justicia, humildad (6,8), que se posibilitan en el perdón, como prenda de fidelidad a Jacob y a Abrahán (7,18-20). En la discusión con los falsos profetas, los rasgos de la salvación desde lo pequeño y para el futuro tienen todos los visos de autenticidad por romper las falsas seguridades de los poderosos.

4. Ejercicios prácticos y bibliografía

a) Algunos ejercicios prácticos

     Leer los capítulos 4-5 como una discusión entre Miqueas y un grupo de profetas falsos e intentar una división de los mismos, discutiendo los criterios aducidos en el apartado 2 de esta sección, titulado «El libro de Miqueas». Conviene anotar los rasgos específicos de ambas mentalidades, para hacer después una comparación entre quienes las sostienen, estableciendo una especie de retrato del profeta verdadero y el profeta falso, según Miqueas.

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